Dama contra dama: ganar con un jaque de ensarte
Las Blancas juegan y ganan
JugarDama contra dama suele ser tablas, salvo cuando los reyes están cerca y un jaque lo cambia todo. Encuentra el único jaque que mantiene la amenaza de ensarte.
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¿Es tu primer contacto con este final? Aprende primero el método: Mate de rey y dama
No hace falta registrarse. El rival nunca se rinde y cada error queda explicado.
Dama contra dama: jaque de ensarte
Las Blancas juegan y ganan · Gana contra la defensa perfecta
Despertando el motor…
La teoría
Mira el método: dale a reproducir para ver la idea ganadora, o avanza jugada a jugada.
Fíjate en la línea que forman su rey y su dama: la columna «a», con el rey delante. Te hace falta un jaque que siga apuntando por esa columna, para que su rey no se atreva a subir por ella: Ra4 pierde la dama de inmediato por el ensarte Da7+.
Dama pura contra dama son unas tablas teóricas tan amplias que uno puede echarse una siesta en ellas, y eso mismo gana partidas a quien conoce las excepciones. Todas comparten una forma: el rey y la dama rivales sorprendidos en la misma línea, con jaques disponibles para aprovecharlo.
El mecanismo. Una dama no se pierde ante un ataque frontal: simplemente se aparta. Se pierde cuando un JAQUE obliga al rey a responder primero y las únicas casillas que le quedan dejan a su majestad en la línea equivocada. La jugada ganadora de este ejercicio da jaque desde una casilla que sigue apuntando a la columna donde el rey protege a su dama: no hay interposición posible, y vaya adonde vaya el rey, el siguiente jaque vuelve a alinear a la pareja real. Solo gana Dc5+. El goloso Ra4 pierde la dama en el acto por el ensarte Da7+, pero el más duro Ra2 sobrevive a todos los ensartes, y ahí está la clave: los jaques atan al rey a defender a su dama y no le dejan abandonarla. La victoria llega por zugzwang, con el rey sin una sola jugada y la dama tapiada en a1, o por la imagen de mate que la acompaña: el rey empujado a b1, su propia dama todavía en a1 tapándole la huida, y Dc2 es mate.
De dónde salen estas posiciones: de los estertores finales de las carreras de peones. Ambos bandos coronan, alguien deja de dar un jaque de dama necesario o da un paso de rey demasiado descuidado, y las damas recién estrenadas quedan de pronto atrapadas por la geometría. El jugador que ha entrenado los patrones de alineación se lleva un punto entero de lo que la planilla da por tablas claras.
El patrón tiene dirección. Para una dama recién coronada en a1, el ataque funciona cuando tu rey ya está en d3 o c4; para la esquina h1, refléjalo en e3 y f4. Dos casillas por esquina, y conocerlas te dice durante la carrera, no después, si el final de damas «de tablas» lo es de verdad. Con eso vienen dos lecciones para el defensor: no toda posición inicial de la dama da siquiera el ataque, y cuando el que defiende eres tú, dirígete a esa misma posición relativa de rey y dama, porque es justo ahí donde el ensarte deja de existir.
El hábito que conviene adquirir sirve en ambos lados del tablero: con damas en juego, NUNCA dejes a tu rey en línea con tu dama si el rival dispone de jaques, y repasa siempre cada jaque disponible en busca de un doble papel. Los jaques que solo dan jaque son ruido; los que además apuntan a algo son toda la táctica de los finales de damas.
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