La fortaleza de alfiles de distinto color
Las Negras juegan y hacen tablas
JugarDos peones pasados unidos de menos, y la posición sigue siendo tablas muertas. Con alfiles de distinto color, el defensor construye un muro en casillas que el alfil del atacante jamás podrá tocar.
No hace falta registrarse. El rival nunca se rinde y cada error queda explicado.
La fortaleza de alfiles de distinto color
Hold the draw against perfect play
Waking the engine…
La teoría
Los finales de alfiles de distinto color son el gran rompecorazones del ajedrez práctico: las tablas más desafiantes del material sobre el tablero, y la razón por la que 'dos peones de más' a veces no significa nada. Un número importa más que el conteo de peones: el color de las casillas frente a los peones.
El principio. Cada alfil gobierna la mitad del tablero y es un turista en la otra mitad. Si el defensor puede colocar su rey y su alfil en las casillas que los peones deben cruzar, el alfil extra del atacante no aporta absolutamente nada a la lucha: se mueve para siempre en el color equivocado. El ataque no es dos piezas contra una; es una pieza contra dos.
La división del trabajo es precisa. Los peones unidos avanzan en colores alternos, así que la defensa reparte la tarea: el rey se planta en la casilla de avance de un color, el alfil patrulla la diagonal que cubre el otro. Invierte la asignación y el zugzwang lo deshace todo; acértala y la fortaleza no necesita ni un solo movimiento más de fondo.
La frontera: los peones pasados unidos que han alcanzado ambos la sexta fila ganan, con bloqueo o sin él; en la quinta o antes, la fortaleza resiste con juego exacto. Este ejercicio empieza en el momento crítico en que un solo movimiento de alfil decide en qué lado de esa frontera vives. El atacante de la tabla de finales pasará cincuenta jugadas sondeando el muro; tu trabajo es hacer que ese muro resulte aburrido.